domingo, 6 de março de 2016

Los Cinco Artículos de la Remonstrancia en 1610

Los Cinco Artículos de la Remonstrancia en 1610 

Artículo 1 
Dios, por un eterno e inmutable decreto en Jesucristo, su hijo, antes de haber lanzado los fundamentos del mundo, decidió salvar, de entre la raza humana caída en pecado, los que – en Cristo, por causa de Cristo y a través de Cristo – por medio de la gracia del Espíritu Santo, creerían en su hijo, y que, por la misma gracia, perseverarían hasta el fin en esta fe y obediencia de fe; pero, por otro lado, decidió dejar los impenitentes e incrédulos bajo pecado e ira, condenándolos como ajenos a Cristo, conforme la palabra del Evangelio de Juan 3:36 “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (RVR1960), y también conforme a otros textos de la Escritura. 

Artículo 2 
De acuerdo con esto, Jesucristo, el Salvador del Mundo, murió por todos y por cada uno de los hombres, de modo que obtuvo reconciliación y remisión de los pecados para todos por su muerte en la cruz; sin embargo, nadie es realmente hecho partícipe de dicha remisión excepto los creyentes, según la palabra del Evangelio de Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” y la Primera Epístola de Juan 2.2 “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (RVR1960) 

Artículo 3 
El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960) 

Artículo 4 
Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni mismo un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo. Pero, en relación al modo de operación de esta gracia, no es irresistible, ya que está escrito sobre muchos que “resistieron al Espíritu Santo” (Hechos 7) y en muchos otros lugares. 

Artículo 5 
Aquellos que son incorporados en Cristo por una fe verdadera, y consecuentemente son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, son abundantemente dotados de poder, para que puedan luchar contra Satanás, contra el pecado, contra el mundo y contra su propia carne, y ganar la victoria. Con todo, siempre (queremos que sea bien entendido) con el auxilio de gracia del Espíritu, en todas sus tentaciones, les extiende sus manos, los apoya y fortalece (caso estén listos para luchar, quieran su socorro y no desistan de sí mismos), de modo que, por ningún engaño o poder seductor de Satanás, puedan ser arrebatados de las manos de Cristo, de acuerdo a lo que Cristo dijo en Juan 10.28 “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Pero, si ellos no son capaces de, por descuido, τὴν ἀρχὴν τῆς ὑποστάσεως χριστοῦ καταλείπειν (olvidar el inicio de su vida en Cristo), de nuevamente abrazar el presente mundo, de alejarse de la santa doctrina que una vez les fue entregada, de perder su buena conciencia y de actuar con negligencia hacia la gracia; esto debe ser asunto de una pesquisa más exhaustiva en la Sagrada Escritura, antes que podamos enseñar con πληροφορία (entera persuasión) de nuestra mentes. Estos artículos, así definidos y enseñados, los remonstrantes consideran estar de acuerdo con la Palabra de Dios, idóneos para edificación, y, en lo que se dice respecto a este argumento, suficientes para la salvación, de modo que no es necesario o edificante añadir alguna cosa. 


Traduzido por Christian Ádonis

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